Antes de cerrar los ojos, los labios
y el corazón, al final de la jornada, ¡buenas noches!, Padre Dios.
Gracias por todas las gracias que nos
ha dado tu amor; si muchas son nuestras deudas, infinito es tu perdón.
Mañana te serviremos, en tu
presencia, mejor.
A la sombra de tus alas, Padre
nuestro, abríganos. Quédate junto a nosotros y danos tu bendición.
Antes de cerrar los ojos, los labios
y el corazón, al final de la jornada, ¡buenas noches! Padre Dios
Gloria al Padre omnipotente, gloria
al Hijo Redentor, gloria al Espíritu Santo: tres personas, sólo un Dios.
Tú, Señor, que iluminas la noche y
haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante
la noche que ahora comienza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear
el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia para darte gracias
nuevamente.
Amén

