Es la gente la que le da valor a las cosas, y no las
cosas las que le dan valor a la gente.
¿De que serviría un hogar si no pudiéramos compartir
juntos, con esposa/o e hijos?
Son ellos los que le dan vida y valor a una casa ¿verdad?
Usted y yo haremos bien en comprender que dentro de cien años o más no tendrá
la menor importancia el monto actual de nuestra cuenta bancaria, ni qué clase
de automóvil conducimos hoy en día, ni siquiera lo importante que podemos ser.
Pero el mundo probablemente será muy distinto sí
influimos para bien en la vida de quienes tenemos a lado.
Esto es un ejemplo en lo que podríamos influir:
Más que el valor sentimental, procura a la persona que te
lo dio.
Aquel enorme regalo que en algún momento te regaló la tía
o abuela pero que no combina en nada con tu casa y tú lo quieres conservar
porque según tú tiene un valor sentimental, lo guardas en lo más profundo de tu
armario y existe ahí por el resto de la eternidad es un hecho que realmente lo
conservas porque “tienes qué”.
Es más valioso honrar a la persona, en vida visitarla,
demostrarle tu interés y ser más afectuoso y ser afectuoso con ella que tratar
de recordarle cada vez que haces limpieza y vuelves a guardar lo que en su
momento te regalo.
Eso me parece que tiene mucho más valor. Compartir más
momentos con amigos o la persona que tienes a tu lado. Esa es mi opinión.
¿Y
usted qué opina?
“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran
sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables,
cosas inexplicables y personas incomparables.”

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